La zona euro: Las ventajas de la integración económica y monetaria


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Dadas las circunstancias actuales, uno se siente extraño planteando las ventajas de la integración económico-monetaria si bien es cierto que ello puede servir para tejer más tela dado que un ejemplo práctico es una buena fuente de información.

La supresión de aranceles supone, para los productores de bienes y servicios, tener que esforzarse en mejorar para ser más competitivos y mantenerse en el mercado.  Los aranceles comportan una protección del mercado nacional que mayormente dará lugar a un empobrecimiento del país salvo que se trate de proteger aquello que sea una necesidad básica y que no deba depender de otros.  Si otro país de la Unión Europea decidiera producir jamón que pudiera ser vendido en España por el mismo precio que el Jamón Ibérico pero de igual calidad o superior, sólo nos quedarían dos soluciones: abandonar la producción de este producto y especializarnos en otro con el que seremos más competitivos o, por el contrario, innovar, hacer estudios de mercado y ajustar al máximo los costes con el fin de ser competitivos para hacerle frente.

En cambio, si España no formara parte de la UE aplicaría aranceles al producto que llegaría del bloque integrado inflando su precio consiguiendo que el producto importado se vendiera a 50 euros/kg contra los 45 euros/kg del producto nacional.  Así, el consumidor termina pagando más y el productor español podría vender a 45 euros lo que en realidad debería vender a 41 ingresando más dinero pero perdiendo volumen en las exportaciones, al no tratarse, supuestamente, de un producto exclusivo, ya que el bloque imitaría la solución hipotética de España.

La producción de bienes de alta calidad por parte de empresas especializadas es una forma de superar barreras.  Si nos centramos en la producción de bienes exclusivos con valor añadido y de interés para los mercados mundiales podemos salir adelante tal y como plantea el premio Nobel de Economía 2010, Cristopher Pissarides, al final de la entrevista publicada en La Vanguardia el pasado sábado 3 de diciembre de 2011 exponiendo en realidad lo que ya dijo Adam Smith [padre de la economía moderna] en su obra La riqueza de las naciones, dónde a propósito del comercio internacional escribía que no puede costar más fabricar que comprar.

Debemos pagar con lo que sabemos hacer aquello que no nos es rentable producir nosotros mismos, esa es una de las reglas del juego del libre comercio.

La libre circulación de bienes, capital y trabajo son ventajas para el desarrollo de un país, situación que se da en un Mercado Común y es la base para completar el proceso de integración económica con la utilzación de una moneda única por parte del bloque con entes comunes para su gestión por encima de los que existen en cada región.  Pero llegar a completar una total integración internacional plantea serias complicaciones ya que la capacidad soberana de los países que la forman se reduce sensiblemente pero en contrapartida se consigue la creación de un bloque más fuerte a nivel internacional, con mayor población y terriotorio, presumiblemente menos vulnerable económicamente, democráticamente más avanzado y políticamente más estable, siempre que exista una regulación del sistema.

Los hechos que han tenido lugar en la economía mundial y europea durante los dos últimos años reflejan que es muy complejo aunar en un mismo bloque a países con diferente cultura, tradición, idioma, mentalidad y capacidad tecnológica para conseguir un interés común teniendo en cuenta que los más ricos exigen que los que no lo son tanto se ajusten a un modelo más fácil de asumir por los primeros.  Para muestra, un botón, ya que precisamente el  presidente de la federación de exportadores alemanes (BGA) acaba de decir pública y textualmente: “recomiendo a Grecia y Portugal que se vayan voluntariamente del euro”….ahora que ya no forman parte de la solución sino del problema.

Este y el resto de hechos acaecidos demuestran que para que existan las ventajas que se le suponen a un proceso de integración económico-monetario deben unirse países de parecidas características y ser representados por igual en las instituciones que controlan el bloque.  En referencia al caso europeo, cabe tener en cuenta que en el comité de dirección del BCE, la institución europea más importante, existen 6 representantes de 6 países distintos de los diecisiete que conforman la UEM, entre los que se encuentra España [aunque peligra su silla por la presión de los países nórdicos capitaneados por Holanda] donde, además, 4 de estos 6 siempre han sido Alemania, Francia, Italia y España.  Otra muestra de la poca coherencia en la gestión de tantas economías en un mismo marco.

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