No hay lugar


Avui he llegit això:  ‘Acepto alternativas, pero la ley obligará a ofrecer castellano en Catalunya’ en una entrevista a José Ignacio Wert publicada al diari ABC el dia 9 de desembre del 2012.

No hay lugar para el catalán en el Estado.  El ministro Wert se ha encargado de alimentar, sin cesar, un sentimiento entre los que amamos, nacimos, vivimos y/o crecimos en esta maravillosa tierra llamada Catalunya, que nos aleja más todavía de quienes pretenden que sigamos unidos.  Unión que, ya sin duda alguna, persigue diluir hasta no se sabe donde la cultura que nos identifica con medios como el anteproyecto de ley que ha planteado esta semana el ministro.  ¿Qué lugar nos tiene reservado a los catalanes, la cultura dominante, la española, en el marco que nos contiene (España)?

Ley que, además, conlleva menos oportunidades para hijos de la clase trabajadora entre otras regresiones:  Se reducirá la presencia de las TIC, se aumentará el poder de las administraciones y los directores de los centros, se obligará a realizar asignaturas ‘duras’  a quienes no quieran hacer religión, se eliminará la PAU, etc.

El PP expresa en el anteproyecto la voluntad de defender a la Iglésia, al capital y al castellano por encima de todo, en fin, a todo lo que ya se defiende por si mismo, para empeorar las posibilidades del resto.  Eliminar la PAU significará facilitar el acceso a la universidad a aquellos alumnos que provengan de la escuela privada salvando un obstáculo que igualaba a todos los alumnos del Estado.  La enseñanza pública no es peor que la privada en contenidos, es peor en relaciones.  Cómo era? Diós los cría y ellos se juntan verdad?  Compartir clase con hijos de clases medias-altas ayuda a mantener lazos.  Las relaciones son imprescindibles.  Para colmo, si no lo he entendido mal, las escuelas concertadas son aquellas que reciben ayudas de todos los contribuyentes en las que sólo pueden acceder algunos de ellos.  Sin comentarios.

En lo que al català se refiere, el ministro tiene la obligación de proteger lo que también es patrimonio del Estado, todavía.  El català debe ser la lengua vehicular de la educación de las próximas generaciones igual que lo ha sido en las últimas tres décadas porque es minoritario y porque no se puede cultivar el idioma en otra tierra que no sea Catalunya.

Regresión imparable es lo que defiende Wert con sus ideas:  “Las administraciones educativas garantizarán el derecho de los alumnos a recibir las enseñanzas en castellano, lengua vehícular de la enseñanza”.  “Las adminsitraciones educativas deberán garantizar en todas las etapas educativas obligatorias que esas lenguas cooficiales sean ofrecidas en las distintas asignaturas en “proporciones equilibradas en el número de horas lectivas”

¿Qué fue de la pluralidad nacional que España contiene y que algunos creímos posible que cuidara?  Ya me contará señor Wert, pero usted y su gobierno nos demuestran que tal vez ya no cabemos en el marco español tal y como somos, cabemos tal y como quieren que seamos.

Si alguien como yo que, aún habiendo nacido y crecido en Catalunya, siendo descendiente de padres y abuelos catalanes y habiendo recibido la educación en català, puede expresarse correctamente en castellano, será que las cosas no se hicieron tan mal.  Catalunya es plural, y me parece que el castellano goza de mucha salud aquí.

Cierto es que en Catalunya, desde los años ochenta hasta hoy, ha existido una importante protección de nuestra cultura y lengua aún siendo un país sin estado, lo cual es algo que jamás debemos menospreciar y que sabíamos, los sensatos, que sería imposible superar en el marco actual.  Desde la perspectiva de un estado nacionalista, contener territorios que defienden la cooficialidad lingüística y que protegen mayormente el idioma autóctono, supone un problema que resolver.  Desde la perspectiva de un estado pluralista, supone una cuestión de gestión delicada pero que enriquece al conjunto.

El català, y la cultura a la que representa, también son un activo de la cultura española.  Debería seguir siéndolo, tratándolo tal y como es, aceptando lo que es y lo que significa.

El idioma es para una cultura lo que la sangre para un ser vivo:  esencial.

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