El interés en la ISO 9001


Contestando a la cuestión planteada por un usuario en linkedin:  ¿Se ha perdido el interés por certificarse en la Norma ISO 9001?       

Desde la perspectiva de las empresas grandes y medianas, totalmente.  Las empresas invierten en certificaciones que aporten garantías en la elaboración de sus productos y potencial para atraer a nuevos clientes (y mantener los existentes).
La certificación ISO 9001, en mi opinión, ha perdido importancia al darse por sentado con la implantación de un sistema de seguridad alimentaria de que la empresa ya dispone de un sistema de gestión de la calidad, no en vano su existencia permite la consecución de lo primero. Es como si ya se hubiera asimilado la primera parte de una etapa y hubiéramos entrado en la segunda.  Carece de sentido certificarse de algo que ya forma parte de un nivel superior.
Ahora, la tarjeta de presentación para vender a una gran superfície son la IFS, la BRC y parecidas.

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Una visión general sobre la seguridad alimentaria


Contestando a la cuestión planteada por un usuario en la red social linkedin:  ¿Son las normas de calidad, en el fondo, una mentira?

La sociedad evoluciona y con ella la industria y, a estas alturas, el concepto Calidad ya está lo bastante enquistado en las estructuras empresariales.  Por eso opino que más que hablar de normas de calidad, deberíamos hablar de normas de Seguridad Alimentaria. Las certificaciones IFS y BRC, que son las que estan al orden del día, van mucho más allá de cuestiones de calidad.

No recuerdo en que filme pero una vez escuché:  La apariencia lo es todo.  La política y el engaño se basan en ella. La vida es un juego.  Los negocios también. Y no se puede perder demasiado, he ahí el porqué de la importancia relativa de dichas certificaciones.

El fabricante de productos agroalimentarios persigue vender un producto que tanto para él como para el comprador, tienen que ser seguros.  Asociamos la necesidad de seguridad al comprador cuando el fabricante se juega mucho al ofrecer un producto en el mercado.  Su imagen está en juego y con ella su futuro.  Y el nivel de las medidas implantadas para asegurarla [la calidad – seguridad] está en relación al tamaño de la empresa y del mercado al que se enfrenta.  Las certificaciones de ‘calidad’ deben permitir una mejora progresiva a la empresa, en vez de ahogarla al primer intento.  Me parece coherente que exista cierta flexibilidad a la hora de evaluar el nivel de compromiso con dichas normas en la aplicación de determinados procedimientos.  Si no fuera así, sólo podrían fabricar Coca-Cola, Nestlé y Campofrío….y en su día, tampoco cumplían con las exigencias que ahora se autoimponen. Las entidades certificadoras son proveedores de servicios de mayor o menor calidad y necesitan clientes que a su vez necesitan clientes.

Siempre ha existido y siempre existirá la corrupción, pero ello no debería ser objeto de debate, más que nada porque quiero creer que en este país cada vez queda más atrás el abuso [perjudicial] de estos métodos.

Espero que, al menos, no bajemos el listón a tenor de lo que se entiende en el gráfico que publicaba hace pocos días el diario economist en su web, en referencia a la relación existente entre corrupción y nivel de desarrollo de un país.